Catástrofe de Ribadelago

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Detalle de los materiales de construcción de la presa.

Se conoce como catástrofe de Ribadelago a la rotura de la presa de Vega de Tera que el día 9 de enero de 1959 inundó y arrasó el pueblo de Ribadelago, en la provincia de Zamora (España); causando la muerte a 144 de sus habitantes y convirtiéndose así en la segunda mayor tragedia en España en cuanto a número de víctimas mortales por la rotura de un embalse, tras romperse el Pantano de Puentes.

El desastre generó un importante movimiento solidario de apoyo a las víctimas a nivel nacional e internacional.

Desastreeditar

El Embalse de Vega de Tera es un pequeño aprovechamiento hidroeléctrico situado en el curso del río Tera, en la comarca de Sanabria (Zamora), que forma parte de un sistema más amplio de lagos artificiales y canales denominado Salto de Moncabril. La noche del 9 de enero un sector de más de 150 metros de longitud del muro de contención de la presa se derrumbó dejando escapar casi 8 millones de metros cúbicos del agua embalsada. El pueblo, situado ocho kilómetros río abajo, fue rápidamente alcanzado sin dar apenas tiempo a los vecinos que sintieron un fuerte estruendo consecuencia de la ruptura y el torrente de agua posterior. Muchas de las edificaciones fueron destruidas por el agua y tan sólo fue posible recuperar 28 de los 144 cuerpos desaparecidos entre las aguas del lago de Sanabria. Dada la localización del pueblo y las infraestructuras de la época, las primeras asistencias no llegaron hasta la mañana siguiente.

Causaseditar

Según testimonios de trabajadores del embalse, las instalaciones tenían graves deficiencias estructurales como consecuencia de una mala construcción.

El auscultor Ricardo Fernández Cuevas fue el encargado de analizar las causas de la rotura de la presa de Vega de Tera, así como de dar a conocer los informes oficiales y las investigaciones al respecto. Basó sus hipótesis de la rotura «en una cimentación muy superficial en los contrafuertes del 19 al 21. Relativamente mal dispuesta y una calidad de roca que es de la peor que hay en el sitio». También «a junta de campaña de mala calidad», que lo deduce del hecho de que en las inyecciones «corrió la lechada a lo largo de toda la junta de campaña hasta salir al pie del contrafuerte aguas abajo». Para Fernández Cuevas «la superficie resistente en ese nivel de la rotura debía ser tremendamente débil». En cuanto al proceso, Ricardo Fernández precisó que «muy probablemente lo contrafuertes 22 y 21 no se encontraron bien agarrados en la cimentación. Hasta cierto punto hubo una subpresión en la roca bajo contrafuertes, inmediatamente debajo de los contrafuertes.Y cuando se produjo esta primera rotura inmediatamente después cedieron los de los lados, 20, 19 y 18, ahí se hizo una brecha y fueron cediendo paulatinamente los contrafuertes de una margen y otra, en la margen izquierda hasta llegar a la zona de gravedad que resistió lo que pudo, y en la otra parte hasta el aliviadero, que era muy fuerte» y también aguantó en pie, «salvando al resto de la presa».

Consecuenciaseditar

Se construyó con materiales y en una ubicación umbría poco afortunados otro pueblo aguas abajo, siguiendo el modelo de repoblación del Plan Badajoz, llamado Ribadelago de Franco, a un kilómetro al sureste de la aldea arrasada, que ahora se conoce como Ribadelago Viejo, para realojar a los supervivientes que perdieron su hogar. La presa quedó abandonada y en la actualidad continúa en estado similar al del día del desastre.

El proceso judicial posterior seguido en la Audiencia Provincial de Zamora culpó en exclusiva a un encargado de obra, mientras que los directivos de Hidroeléctrica Moncabril, la titular de la explotación, señalados en el proceso resultaron con penas de privación de libertad tan exiguas que nunca ingresaron en prisión y, tras los recursos interpuestos, fueron indultados por el Gobierno. El régimen franquista nunca depuró a los posibles responsables políticos e intentó en todo momento minimizar el alcance de la noticia de la catástrofe, que se saldó igualmente con exiguas indemnizaciones de apenas 90 000 pesetas de la época por cada fallecido varón, 60 000 pesetas por cada mujer fallecida y 25 000 pesetas en caso de bebés o niños.

Referenciaseditar

Enlaceseditar








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