Lengua vehicular

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Una lengua vehicular o lengua franca (también en latín medieval lingua franca) es el idioma adoptado para un entendimiento común entre personas que no tienen la misma lengua materna. La aceptación puede deberse a mutuo acuerdo o a cuestiones políticas, económicas, etc. Es importante distinguir propiamente el término lengua franca de los de lengua oficial, lengua clásica, o lengua diplomática, con los que comparte el uso como interlingua entre hablantes de diferentes lenguas maternas (frecuentemente por acuerdo o conveniencia más que por imposición legal). En particular una característica notoria de las lenguas francas es el ser lenguas de propósito general usadas en contextos hablados para la comunicación intergrupal (eso las diferencia de las lenguas clásicas que suelen usarse en el registro escrito, las lenguas diplomáticas que tienen un ámbito restringido o las lengua oficiales cuyo uso está amparado oficialmente).

En el Mediterráneo oriental, durante una parte de la Antigüedad, se usó el griego koiné como lingua franca, si bien otras lenguas autóctonas continuaron siendo usadas en esos territorios. En Europa occidental, por el contrario, la romanización hizo que el latín fuera la lengua materna de la mayor parte de la población. En Oriente Medio, desde el imperio aqueménida hasta la expansión musulmana el arameo fungió como lengua franca.

También han tenido esa característica el ruso en los países soviéticos, el alemán en el centro de Europa. El portugués, el español y el francés en sus respectivos imperios, el hindi o hindustaní en el subcontinente indio, el chino mandarín o el árabe. En Mesoamérica, antes de la llegada de los españoles la lengua franca fue el náhuatl. Actualmente, el inglés en muchos contextos ha sido considerado como una lengua vehicular, aunque su uso más bien se corresponde con lo que se conoce lengua diplomática o una lengua de comunicación científica, más que a una lengua franca informal.


Lengua franca se llamó originalmente a la lengua tudesca (teutsch) hablada en tiempo de Carlomagno. Luego se llamó así al latín y más recientemente al sabir, una lengua con elementos léxicos del francés, italiano, español, árabe, turco y algunas más, usada en la cuenca Mediterránea, particularmente su parte oriental y en el norte de África para entenderse los habitantes de estos países con los europeos en sus relaciones comerciales.

Algunos autores utilizan también el término «lengua franca» para referirse a lo que los lingüistas denominan técnicamente pidgins, es decir una variedad lingüística formada elementos léxicos de diferentes lenguas y una gramática simplificada, como un medio de comunicación entre hablantes que comparten una lengua común, y es apta para entenderse entre sí los hablantes de las distintas lenguas.

Historiaeditar

Origen del términoeditar

Lengua franca (del latín tardío lingua franca) se llamó originalmente a la lengua tudesca (fráncico) (en alemán teutsch) hablada en tiempo de Carlomagno; luego se usó para variedades lingüísticas regionales usadas específicamente para la comunicación interlingüística entre hablantes cuyas lenguas maternas diferían.

Lenguas vehiculares en Europaeditar

Históricamente, la lengua más usada como segunda lengua en Europa fue hasta el siglo XIV el latín, aunque esta lengua funcionó básicamente como lengua clásica en el registro escrito y como lengua de propósito particular para propósitos particulares, además de como lengua "oficial" de la iglesia católica. De hecho este uso se mantiene ya que nominalmente el latín eclesiástico sigue siendo la lengua oficial del Vaticano. En usos particulares, el latín sigue siendo usado de manera limitada en Derecho (se sigue empleando hoy en día), en Medicina y en la clasificación biológica (hongos, bacterias, plantas y animales, con su nombre científico).

El latín tuvo un uso tan extendido que fue conocido como la lengua vulgar (del vulgo, del pueblo). Por esta razón, a la traducción que Jerónimo de Estridón hizo al latín de la Biblia en el siglo V se la conoce como Vulgata.

Desde el Renacimiento hasta finales del siglo XIX se llamó lingua franca a una lengua empleada por los marineros y mercaderes del Mediterráneo. Era una lengua popular y hablada, de la que hoy se conservan muy pocos textos. Era una mezcla principalmente de italiano, árabe y griego, aunque tenía palabras de los orígenes más diversos. Los capitanes de los barcos, diplomáticos, etc. no solían hablar en lingua franca por el desprestigio social, y se entendían entre ellos en francés y en inglés principalmente. A finales del siglo XIX cae definitivamente en desuso y es sustituida por el inglés en la marina, por la importancia que tenía el Imperio Británico, aunque los diplomáticos de carrera prefirieron seguir usando el francés.

El francés1 fue la lengua franca de la aristocracia europea del siglo XVII hasta finales del siglo XIX, coincidiendo con el surgimiento de Francia como potencia europea dominante tras el fin de la Guerra de los Treinta Años y sus primeros signos de debilidad económica como potencia colonial, en la postrimerías del siglo XIX (así, los niños de las principales familias reales de Europa fueron criados en francés y los aristócratas rusos se escribían con frecuencia en francés). Más tarde, la influencia de este idioma fue extendiéndose con la colonización del imperio francés, hasta el continente asiático y americano. Todavía se utiliza en la diplomacia internacional y en los principales organismos internacionales.

También han existido lenguas francas en Oriente y el norte de África para que los habitantes de esos países se pudieran entender con los europeos en sus relaciones comerciales.

Lenguas vehiculares en Oriente Medio y Lejano orienteeditar

En los primeros Estados de Mesopotamia y Oriente Medio, aproximadamente entre los siglos XX a. C. y XV a. C., el idioma akkadio fue ampliamente usado en las relaciones diplomáticas, mientras que el sumerio fue estudiado por un período similar como lengua de cultura en ciertas áreas del conocimiento. Posteriormente el arameo reemplazó a ambas lenguas como segunda lengua en la zona.

En el Lejano Oriente, el sánscrito fue una segunda lengua importante tanto en India como en el sudeste asiático e Indonesia. Y más al norte el chino clásico fue una segunda lengua estudiada por los eruditos de Vietnam, Corea y Japón como segunda lengua.

Lenguas vehiculares en Américaeditar

En América del Norte se usó una lengua de señas como medio de comunicación intergrupal entre los pueblos de las grandes praderas principalmente. En Mesoamérica, poco antes de la llegada de los europeos y durante un tiempo tras la llegada de estos, el náhuatl se utilizó ampliamente como lengua vehicular. Y en América del Sur el quechua se expandió básicamente como segunda lengua de entendimiento en el imperio inca, ya que la lengua original de los primeros incas parece haber sido el pukina, que la conservaron en un contexto reducido para usar en la esfera pública el quechua clásico.

Durante la colonización de Brasil, la escasez de mujeres europeas llevó a muchos portugueses a tomar como esposas a mujeres autóctonas, cuya lengua era el tupí. El resultado es que hasta principios del siglo XVIII la lengua predominante fue la língua geral, que era básicamente un forma de tupí con abundante influencia del portugués. A partir del siglo XVIII hubo un intento consciente por dar exclusividad al portugués, aunque la língua geral siguió siendo la lengua vehicular predominante en muchas áreas del Amazonas hasta casi el siglo XX.

Actualidadeditar

Actualmente, el inglés es la lengua que se presenta con mayor frecuencia como segunda lengua entre los hablantes multilingües, y en la práctica sirve de lingua franca global, tras el final de la Segunda Guerra Mundial en septiembre de 1945. Esto se debe a factores socioecónomicos y geopolíticos, tanto por la influencia histórica de los países anglosajones como por el hecho de que el inglés, especialmente desde el siglo XX, ha sido la principal lengua de la diplomacia y la publicación de trabajos científicos. Eso ha contribuido a que exista una mayor cantidad de información recientemente publicada (física y digitalmente) en este idioma que en cualquier otro.

Igualmente, algunos países promueven el aprendizaje de sus lenguas nacionales en el extranjero, bien sea para promocionar su cultura y relaciones económicas (comercio, turismo, eventual migración laboral, etc.), o bien por las posibilidades y aficiones de las personas por aprender una nueva lengua. Ello ha permitido que existan numerosos hablantes no nativos de una lengua distinta al inglés, aunque globalmente no esté tan extendida. Lo hacen mediante recursos varios, tales como instituciones educativas dedicadas a la enseñanza de la lengua (de iniciativa estatal, privada o mixta), promoviendo el turismo académico (que implica el traslado temporal de estudiantes al país con el fin de aprender la lengua nativa, a través de una institución de enseñanza y la vida cotidiana), mediante comunidades que viven en el extranjero con un fuerte arraigo con el país del que proviene la lengua a enseñar, y también gracias a las nuevas tecnologías (Internet, cursos de enseñanza multimedia en CD, DVD, etc.). Como sea, con excepción de lenguas tan extendidas –y hasta necesarias– como el inglés, la diversidad de recursos ha posibilitado que muchas personas elijan aprender una segunda, inclusive una tercera o más lenguas, por afición por las mismas y como una extensión de su formación educativa.

Lenguas auxiliareseditar

Especialmente desde el siglo XIX, la necesidad de una lengua internacional llevó a varios eruditos a proponer crear una lengua construida como medio de comunicación entre hablantes de lenguas diferentes. En general, estas lenguas auxiliares construidas, con pretensiones de servir como lengua franca internacional, han tenido en la práctica escaso éxito para ese propósito. Uno de los ejemplos que alcanzó mayor popularidad fue el caso del esperanto, que a finales del siglo XX se calculaba que tenía alrededor de dos millones de hablantes, como segunda lengua y un pequeño número de hablantes que tenían dicha lengua como lengua materna. El esperanto a principios del siglo XXI continúa sumando hablantes, sobre todo gracias a la popularización de internet. Otros ejemplos menos exitosos de lenguas artificiales son el volapük, la interlingua, el ido, etc.

Véase tambiéneditar

Referenciaseditar

Bibliografíaeditar

  • LA LINGUA FRANCA: une langue méditerranéenne à travers les siècles (una lengua mediterránea a través de los siglos), Roberto Rossetti. Universidad de Nantes, 22/23 abril de 2002, Cátedra Du Bellay de l’Académie de la Méditerranée (Academia del Mediterráneo).
  • Nicholas Ostler: Empires of the Word: A Language History of the World, HarperCollins, 2005, ISBN 978-0-06-621086-5.

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