Pedro Estala

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Pedro Mariano de los Ángeles Estala Ribera (Daimiel, provincia de Ciudad Real, 1 de agosto de 1757Auch, departamento de Gers, Francia, 29 de abril de 1815), escritor, helenista, filólogo, fue un traductor, crítico literario, editor y religioso escolapio español.

Biografíaeditar

Su familia era oriunda de Valencia, pues su madre Antonia Ribera había nacido en Alicante y en esa ciudad se desposó con Hipólito Casiano Antonio Estala, médico y padre del escritor, el 10 de febrero de 1754. El abuelo paterno, José Estala Valero, venía de Valencia pero era vecino de Daimiel por haberse casado con la manchega María Josefa Lozano Ruiz de Valdelomar, que había nacido en esta localidad ciudadrealeña y era acaudalada y de origen hidalgo; de ahí que con frecuencia Estala sustituyera su segundo apellido por el de Valdelomar. El matrimonio tuvo nueve hijos, de los que el escritor fue el tercero.

Estala se educó probablemente en un colegio de Escolapios de Madrid; en 1774 viste la sotana escolapia y en 1776 emite los votos solemnes. En 1778 ingresa como profesor en el Colegio de San Fernando del barrio de Avapiés, donde impartirá humanidades hasta 1788, año en que es nombrado catedrático de retórica y griego en el Seminario Conciliar de San Carlos en Salamanca, en plena época dorada de la Orden de las Escuelas Pías, recién reformada por Felipe Scío de San Miguel de forma que se fomentara el estudio de las lenguas clásicas para sustituir a la expulsada orden jesuita en ese terreno. Al contrario de lo que afirma Marcelino Menéndez Pelayo, no existen pruebas que afirmen que Estala estudió Filosofía y Teología en Salamanca. Pero sí viajó a menudo a Salamanca desde 1776, como vinculado al obispo de Salamanca desde 1763 e Inquisidor general desde 1774 Felipe Bertrán. Fue este importante protector de Estala quien creó el Seminario de San Carlos de Salamanca donde Estala ingresó como catedrático de retórica y griego en 1788 y era valenciano, como la familia paterna de Estala.

Al ser trasladados sus restos en 1789 a Salamanca desde Madrid, donde había fallecido en 1783, Pedro Estala pronunció una oración fúnebre en latín que hace pensar en la estrecha relación que los ligó; muy probablemente fue su secretario o el encargado de gestionar el largo proceso que culminó con la creación del Seminario de San Carlos, que fue una auténtica obsesión para Bertrán, quien era, además, proclive al jansenismo y un auténtico paladín de la traducción de las Sagradas Escrituras a la lengua vulgar, cuyo permiso de traducción consiguió al fin en 1782 y fue encomendado al escolapio ya citado Scío. En el Seminario recién fundado confraternizó Estala con el que será gran amigo suyo y de Leandro Fernández de Moratín, Juan Antonio Melón. Por esas fechas trabó amistad con Iglesias de la Casa y Juan Meléndez Valdés. En 1778 ingresa como profesor en el Colegio de San Fernando de Madrid de las Escuelas Pías y reside en el Convento de la Victoria, en la Puerta del Sol.

En su celda tiene lugar una activa tertulia a la que asisten Moratín hijo, Melón, el escolapio Juan Navarrete, León de Arroyal y Juan Pablo Forner. Entre todos propugnan una estética clasicista que toma como modelos a los poetas franceses contra los poetas copleros casticistas e improvisadores de poemas de circunstancias que se siguen inspirando en el Arte poética de Rengifo, contra los poetas ilustrados cuyos temas son más elevados pero que incurren en prosaísmo, como Tomás de Iriarte o Cándido María Trigueros o contra los epígonos del gongorismo como Vicente García de la Huerta. Los cuatro amigos forman una academia burlesca bajo los nombres en clave de Damón (Estala), Alfesibeo (Navarrete), Amintas (Forner) y Mirtilo (Moratín), a los que se agregaron Arcadio (José Iglesias de la Casa) y Batilo (Juan Meléndez Valdés). Esta pequeña tertulia dirige sus pullas sobre todo contra Vicente García de la Huerta por la selección de autores de su Teatro Hespañol (sic), 1785, en la que recoge muchas obras de Pedro Calderón de la Barca y ninguna de Félix Lope de Vega, Tirso de Molina, Juan Ruiz de Alarcón o Miguel de Cervantes. En 1785 edita Estala las Poesías de Francisco de Figueroa, llamado el Divino y en 1786 comienza Estala su colaboración con Ramón Fernández, profesor de cirugía de la Corte aficionado a las letras, con quien pretende reimprimir una colección de clásicos españoles, la llamada Colección de Poetas Castellanos de Ramón Fernández. El papel de Ramón Fernández fue principalmente de financiero, mientras que Estala redactaba los prólogos y preparaba los textos de los trece primeros volúmenes. Sin embargo, se ha confundido durante muchos años a este Ramón Fernández con el propio Pedro Estala, creyendo que era un seudónimo, hasta que René Andioc deshizo la confusión al hallar un pleito en el Archivo Histórico Nacional entre estos dos personajes.

En 1786 Forner, Melón, Estala, Navarrete y Guillermo López Bustamante conciben la idea de editar una colección de clásicos latinos. Juan Antonio Melón se hace cargo del proyecto y consigue el permiso de Carlos III en 1787. Para ello Melón recorre Francia, Inglaterra y Holanda en busca de las mejores ediciones y diez años más tarde edita las obras completas de Cicerón en 14 tomos con el texto de Olivet y la clave de Ernesti, revisados por sus amigos, quienes poco a poco se fueron separando del proyecto hasta dejar solo a Melón con él, como Estala confesó a Wilhelm von Humboldt cuando pasó por Madrid a fines de 1799. Por otra parte, Estala y Forner estuvieron ocupados en la redacción de un catecismo educativo en asociación con el maestro Joan Picornell, por lo demás un curioso personaje que inspiró en Madrid la llamada Conspiración del Cerrillo de San Blas en 1795 que pretendía proclamar una constitución, por lo cual fue desterrado a América, donde prosiguió sus actividades revolucionarias. Años más tarde Estala esbozará con otros un proyecto de reforma educativa durante el reinado de José I. Por otra parte, colaboró con el también escolapio de San Fernando Luis Mínguez Calderón en la traducción de algunos tomos de la Encyclopédie Méthodique francesa, que era un intento de respuesta ortodoxa a la famosa Enciclopedia dirigida por Diderot, en concreto los dedicados a la gramática y la literatura. No ha de extrañar que el primer suscrito a dicha traducción sea el protector de Estala, el Inquisidor general Felipe Bertrán. Fue el famoso artículo de esta enciclopedia sobre España de Masson de Morviliers el que provocó un escándalo general a consecuencia del cual la edición fue expurgada. De todos modos la edición quedó truncada y a medias; la labor de Estala fue traducir algunos artículos y redactar parte de los nuevos del tomo A del diccionario consagrado a Gramática y Literatura, mientras que otros los tradujeron y redactaron Mínguez u otros ignorados colaboradores suyos. Estala no publicó su firma por miedo a que su amigo Forner, furibundo antigalicista, se incomodase con él. Sus artículos van firmados con el seudónimo "Un anónimo". Especialmente extensos y profundos son sus artículos consagrados a los "Acarneos" de Aristófanes y a la "Argumentación".

El 16 de noviembre de 1788 Estala pasa a ocupar la cátedra de Humanidades en el Seminario Conciliar de San Carlos de Salamanca que ocupó hasta el 10 de agosto de 1790; allí tuvo la oportunidad de enseñar a Manuel José Quintana; asimismo, compone la oración en homenaje a su protector Felipe Bertrán donde como al paso se declara en contra de los recientes sucesos revolucionarios en Francia si bien entre líneas se deja ver que no comparte un rechazo absoluto. No fue rector del seminario, como dijo Menéndez Pelayo. Por entonces se secularizó y abandonó la orden de las Escuelas Pías como simple sacerdote.

De nuevo en Madrid entra en el círculo de seguidores de Manuel Godoy donde estaban ya sus amigos Moratín y Forner; la meteórica carrera como valido de Carlos IV de Godoy había empezado en 1788. Se presenta a las oposiciones a la cátedra de Poética y Retórica de los Reales Estudios de San Isidro en Madrid, pero la obtiene Santos Díez González. Allí se aburre sin la compañía de su gran amigo Forner, a quien tributaba un tremendo afecto y cuyas obras defendió y protegió en todo momento, incluso colaborando en ellas. Menos ferviente fue la amistad que sostuvo con Moratín, si bien parece que se inició a edad muy temprana en Madrid; de hecho, hubo incluso una ruptura que luego se solucionó sin más, con motivo de la tibieza que utilizó Moratín en la defensa de su candidatura a la cátedra de Retórica y Poética de San Isidro. Sin embargo, traba amistad con el mineralogista francés Florián Coetanfao y con el dramaturgo y poeta Nicasio Álvarez de Cienfuegos. Por otra parte, se va agravando la dolencia en las piernas de Estala que le habrá de costar la vida. Para resarcirse de su decepción con las oposiciones, entra como bibliotecario tercero de los Reales Estudios de San Isidro en 1792. Eso le deja tiempo suficiente para terminar su traducción del Edipo rey de Sófocles, que traduce como Edipo tirano. Lo edita en 1793 con un Discurso sobre la tragedia antigua y moderna. Por otra parte edita la primitiva versión de la República literaria de Diego Saavedra Fajardo que había descubierto entre los manuscritos de la biblioteca. Estala había leído dicho discurso como profesor sustituto de la cátedra de Historia literaria. Al año siguiente editó su traducción del Pluto de Aristófanes con otro discurso preliminar, el Discurso sobre la comedia antigua y moderna. Por otra parte, entre 1795 y 1801 publica Estala un la traducción corregida y anotada en cuarenta y tres volúmenes de El viajero universal o Noticia del mundo antiguo y nuevo de Alexandre Laporte, aunque, como indica en el tomo cuarenta, desde el quinto abandonó el dictado del autor y se sirvió de otros, si bien mantuvo el nombre del francés como gancho editorial; fue este un lucrativo negocio que le rindió copiosos beneficios. Participa, además, como libelista en apoyo de la política de Godoy publicando sus Cartas de un español a un anglómano en enero de 1805 en el Diario de Madrid. Meses después son impresas por Villalpando en Madrid. Ese mismo año es nombrado canónigo de la Catedral de Toledo. Anteriormente, Estala había ya ascendido en su carrera como bibliotecario: en 1798 es nombrado bibliotecario segundo y en 1803 bibliotecario primero. En 1805 corrige el poema de Moratín La sombra de Nelson y empieza a atravesar estrecheces económicas, ya que no puede pagar enteramente las deudas que ha contraído con papeleros e impresores a raíz de la edición de los varios tomos del Compendio de Buffon, que no han resultado tan rentables como Estala creía.

Cuando estalla la Guerra de Independencia, Estala y otros bibliotecarios compañeros suyos se convierten en afrancesados, colaborando con la administración josefina. Estala, en concreto, publicó unas Reflexiones imparciales sobre el estado actual de España en Vitoria; tras la derrota de Bailén, Estala se ausentó con José I en el repliegue hacia Vitoria y eso supuso que se abrieran causas para embargar sus bienes y se allanara su casa en la calle del Niño. Recibe de José Bonaparte la estrella de rubí de cinco puntas, Orden Real de España, conocida como la "Berenjena" por los patriotas. Recibió, además, cédulas hipotecarias en compensación por sus pérdidas. Estala correspondió formando, junto a José Marchena, el aparato de información y propaganda del régimen: Marchena redactó la Gaceta de Madrid y Estala El Imparcial o Gaceta Política y Literaria cuyo primer número salió el 21 de marzo de 1809, saliendo martes y viernes hasta su desaparición el 4 de agosto del mismo año. Estala acompañará al rey a La Mancha en su intento de reconquistar Andalucía, y en el curso de esa expedición ingresa en la logia bonapartista de Almagro, junto con dos hermanos suyos que eran monjes dominicos en el convento de esa orden de la localidad manchega. El 31 de diciembre de 1810, José I le nombra miembro de una comisión encargada de examinar las obras teatrales que se han de representar en Madrid. Igualmente figura en la Junta Consultiva de Instrucción Pública josefina que desde enero de 1811 se encargará de reorganizar la enseñanza básica como un derecho público, general y gratuito. Publica, además, en los periódicos josefinos bastantes artículos sobre el tema y había participado en la Visita General de Escuelas promovida por la Junta General de Caridad en 1796. Tras la derrota de los Arapiles en 1812, Estala abandona Madrid hacia hacia Valencia. Allí el general Suchet reanuda las actividades culturales y hace a Estala redactar el Diario de Valencia junto con Moratín. Con él pasará el terrible sitio de Peñíscola durante un año entero. Después, Moratín lo vuelve a ver en Barcelona, donde lo encuentra muy malhumorado y le comunica que marcha al exilio francés, ya muy deteriorado de salud. Al fin, muere el 29 de abril en el depósito de Auch, departamento de Gers.

Obraeditar

  • Solemnes exequias celebradas en la santa iglesia de Salamanca y Real Seminario de San Carlos en la traslación del cadáver del Excelentísimo Señor Don Felipe Bertrán, Obispo de Salamanca, Inquisidor General, caballero prelado, Gran Crus de la Real y distinguida orden española de Carlos III, 1790.
  • Viaje al Parnaso, publicado por María Elena Arenas Cruz en Cuadernos de la Ilustración y el Romanticismo, Nº 10 (2002).
  • El viajero universal o noticia del mundo antiguo y nuevo, obra recopilada de los mejores viajeros, traducida al castellano y corregido el original e ilustrado con notas por don Pedro Estala, Madrid, 1795-1801, 43 vols.
  • "Discurso sobre la tragedia", en su traducción de Sófocles, Edipo tirano, 1793.
  • "Discurso sobre la comedia", en su traducción de Aristófanes, El Pluto, 1794.
  • Prólogo a Poesías de Francisco de Figueroa, llamado el Divino, 1785.
  • Prólogo a Rimas del doctor Bartolomé Leonardo de Argensola, 1786.
  • Prólogo a Rimas de Fernando de Herrera, 1786.
  • Prólogo a Rimas de don Juan de Jáuregui, 1786.
  • Prólogo a Rimas del secretario Lupercio Leonardo de Argensola, 1786.
  • Prólogo a Poesías de don Luis de Góngora y Argote, 1789.
  • Prólogo a Lope de Vega, Rimas humanas y divinas del licenciado Tomé de Burguillos, 1792.
  • "Prólogo" a Obras de Christóbal de Castillejo, secretario del emperador don Fernando, 1792.
  • "La sombra de Nelson de Inarco Celenio, P. A., traducida en tonto para los que no saben otra lengua que esta", en Minerva o el Revisor General núm. XXV, diciembre 24, 1805, pp. 217-220.
  • El Imparcial o Gaceta Político - Literaria, Madrid, marzo-agosto de 1809.
  • Cuentos morales de Marmontel, traducidos por don Pedro Estala, Valencia, Salvá, 1813.
  • Bello gusto satírico-crítico de inscripciones para la inteligencia de la ortografía castellana, Madrid, 1785 (firma con el seudónimo de Claudio Bachiller Rosillo)
  • Los cinco libros sobre las opiniones de los filósofos de Plutarco traducidos del griego e ilustrados, Madrid, 1793, traducción manuscrita.
  • Cartas de un español a un anglómano, Madrid, 1795, reimpresas en Londres, 1804, Cádiz, 1805 y Madrid, 1815; hay reimpresiones posteriores.
  • Compendio de la Historia Natural de Buffon, traducido e ilustrado por Don Pedro Estala, presbítero, Imp. de Villalpando, 1802-1811
  • "Cartas a Forner" (publicadas en el Boletín de la Academia de la Historia, t. LVIII, 1914.

Bibliografíaeditar

  • María Elena Arenas Cruz, Pedro Estala vida y obra, una aportación a la teoría literaria del siglo XVIII español, Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2003.
  • María Elena Arenas Cruz, "Pedro Estala como censor mensual en el Diario de Madrid (1795-1798)", en Revista de Literatura LXII, nº 24 (julio-diciembre, 2000), pp. 327-346.
  • Maria Elena Arenas Cruz, "Un Viaje al Parnaso de Pedro Estala", en Dieciocho. Hispanic Enlightenment, 26.1 (Sprint, 2003), pp. 131-157.
  • María Elena Arenas Cruz, "En desagravio de Estala. A propósito de una crítica contra El Filósofo enamorado de Forner en el Diario de Madrid (1795)", en Cuadernos de Estudios del siglo XVIII, núms. 10-11 (2000-2001), pp. 17-41.
  • María Elena Arenas Cruz, "Las Cartas de Pedro Estala a Juan Pablo Forner (nueva edición crítica)", en Cuadernos de Estudios del siglo XVIII, núm. 19 (2009), pp. 89-142.

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