Roque Joaquín de Alcubierre

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Casa de los Vettii, en Pompeya, una de las ciudades, junto con Herculano, que descubrió Roque Joaquín de Alcubierre.

Roque Joaquín de Alcubierre (Zaragoza, 16 de agosto de 1702 - Nápoles, 14 de marzo de 1780) fue ingeniero militar y ha pasado a la historia por haber sido el descubridor de los yacimientos arqueológicos de Pompeya y Herculano.

Cursó estudios en Zaragoza y al llegar a la edad adulta accedió al ejército como voluntario del cuerpo de ingenieros militares, puesto al que ingresó gracias al apoyo del conde de Bureta. Sus destinos le condujeron a varias ciudades, entre las que se encuentran Gerona (donde colaboró en construir fortificaciones militares) Barcelona o Madrid. En 1738 asciende a capitán y viaja a Italia. En 1750 ya era teniente coronel y en 1777 alcanzó la cima de su carrera militar con el grado de mariscal de campo.

En el curso de los trabajos de prospección de una finca del futuro Carlos III de España, halló los restos de la ciudad romana de Herculano. Desde ese momento solicitó con insistencia al rey el consentimiento para seguir adelante con las excavaciones a gran escala, que le fue otorgado en 1738, aunque con escasos medios humanos y materiales. Con grandes dificultades halló el teatro de la antigua Herculano y, seguidamente, pinturas murales. A partir de ese momento los hallazgos se suceden ininterrumpidamente.

En 1748 inició las prospecciones de la ciudad antigua de Pompeya, que tenía como rasgo distintivo el haber encontrado la vida romana tal y como fue, con sus habitantes sorprendidos y sepultados por la erupción del Vesubio, lo que obligó a un cambio radical en el concepto de excavación arqueológica que hasta entonces se tenía, pues solo interesaba conseguir obras artísticas para engrosar los objetos lujosos de las colecciones privadas y estatales. Más tarde excavaría también la villas de Asinio Pollio (Sorrento) y otros restos de Capri, Pozzuoli y Cumas.

Pero a partir de 1750 comienzan rencillas y disensiones con sus subalternos, hasta el punto de ser apartado de sus responsabilidades al frente de las excavaciones y vejado por personalidades como Wickelmann, que contribuyeron al olvido de los hallazgos y méritos del aragonés.

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