Salvador Minuchin

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Salvador Minuchin
Salvador Minuchin.jpg
Nacimiento 13 de octubre de 1921
San Salvador - Entre Ríos Flag of Argentina.svg Argentina
Nacionalidad argentino
Ocupación médico, psiquiatra, pediatra, terapeuta familiar
Patrimonio Terapia familiar estructural

Salvador Minuchin (San Salvador, Entre Ríos, 13 de octubre de 1921), es un médico psiquiatra y pediatra argentino, destacado terapeuta familiar y creador de la terapia familiar estructural (1974).

Datos biográficos y aportes teóricoseditar

Minuchin creció en el seno de una familia de inmigrantes judíos-rusos. Estudió en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Córdoba, graduándose en 1946.

En 1948 se trasladó al recientemente creado Estado de Israel y en 1950 emigró nuevamente a los EE.UU. para estudiar psiquiatría.

Durante los los años '60 sus concepciones acerca de la importancia de las estructuras y los límites en los contextos familiares se impusieron en el medio de aquellos psicoterapeutas que habían comenzado recientemente a incorporar a la práctica clínica la posibilidad de tratar familias en vez de a personas individuales.

Su modelo estructural comprende a la familia como un sistema que tiende a la defensa de su estabilidad ante los cambios de condiciones e influencias internas y externas lo que suele favorecer la disfuncionalidad mediante mecanismos de mantenimiento del sufrimiento en la familia o de alguno de sus miembros. El restablecimiento de jerarquías, la formulación de límites claros, la definición de roles y funciones y la disolución de alianzas o triángulos ayudaría regresar a una estructura familiar funcional.

Una característica adicional de su técnica terapéutica y su estilo de trabajo constituye el trato de los niños en las sesiones de terapia. Minuchin pone a los niños en el rol de legítimos interlocutores de la familia, otorgándoles un «lugar del saber», de conocedores de lo que ocurre en la dinámica familiar y poniéndose él mismo, con su actitud, en el papel de alguien que puede aprender de ellos.1

Minuchin fue académico de la cátedra de pediatría y psiquiatría infantil en la Universidad de Pensilvania, psiquiatra jefe de la clínica infantil y director de la Child Guidance Clinic en Filadelfia (1965).

Junto a Jay Haley, Braulio Montalvo y Bernice Rosman desarrolló un programa de capacitación y entrenamiento para terapeutas familiares, el que ya entonces incluía las sesiones supervisadas y las grabaciones en video de las sesiones de terapia.

En 1988 fundó en Nueva York el Family Studies Inc., un instituto dedicado a la formación de terapeutas familiares. Hasta hace poco y a la avanzada edad de 80 años continuaba trabajando allí en la formación de nuevos profesionales. En la actualidad vive en la ciudad de Boston.

Obras (selección)editar

  • Minuchin, Salvador, Familias y terapia familiar, Gedisa, 1979
  • Minuchin, Salvador y Charles H. Fishman, Técnicas de terapia familiar, Paidós, 1984
  • Minuchin, Salvador, Caleidoscopio familiar: imágenes de violencia y curación, Paidós, 1985
  • Minuchin, Salvador y Michael Nichols, La recuperación de la familia: Relatos de esperanza y renovación, Paidós, 1994
  • Minuchin, Salvador, El arte de la terapia famiilar, Paidós, 1998
  • Minuchin, Patricia, Jorge Colapinto y Salvador Minuchin, Pobreza, institución y familia, Amorrortu, 2000

Referenciaseditar

  1. Conen, Marie-Luise. . Artículo con con motivo del 85º cumpleaños de S. Minuchin. Consultado el 12 de diciembre de 2011.

Ficha del libro CALIDOSCOPIO FAMILIAR. Autor: Minuchin Salvador Editorial: Paidos Iberica, 1986 isbn

“En esta obra, con su característica percepción y capacidad de comprensión, Salvador Minuchin invita de nuevo al lector a considerar la conducta del individuo dentro de la estructura familiar. Y lo hace desde una perspectiva nueva y heterodoxa: al lector, llevado a participar en diálogos con el autor, se le pide que considere las realidades humanas y sociales con ayuda de anécdotas personales, protocolos, fábulas y piezas de teatro. Este libro constituye un llamamiento a la participación y a la revisión activa”. (Minuchin. En contratapa) El autor se plantea y nos plantea “¿Por qué la imagen que tenemos de familia ideal se encuentra tan lejos de la común realidad? Constituimos una cultura que ha entronizado al individuo. Poseemos una literatura extraordinariamente rica en psicología individual, pero nuestra atención se ha centrado en el ser del uno mismo interior. Esta es una extraordinaria hazaña de la imaginación, porque los individuos “descontextualizados” no existen. La vida consiste en crecer, mezclarse, cooperar, compartir con los demás. Sin dudas la mayor parte de nosotros ha tenido sus experiencias más significativas dentro de algunas formas de la compleja unidad social que llamamos familia. ¿Por qué este organismo social les es invisible a los expertos? ¿Por qué no está representado en las legislaturas? ¿Por qué no cuenta con asesoramiento legal en los tribunales? Las respuestas están enclavadas en la historia, la política y en la economía. Vale la pena explorarlas porque, al estudiar por qué la familia es invisible, empezamos a comprender por qué la psicología y la etnología comprenden mejor la territorialidad y la agresión que el compartir y la cooperación, aunque hay innumerables ejemplos de ambos. La exploración del entronamiento del individuo explica porque le economía con tanta frecuencia se centra en la máxima utilización de los recursos y no en su relación reciproca. Y porque aun nuestros tribunales “familiares” antes se centran en el enfrentamiento que en la reciprocidad.” (Minuchin 1985. 14) “Tenemos capacidad para una más exacta percepción de la realidad humana; después de todo, cuando se nos muestra una boca y un par de ojos en un test de percepción guestaltica, reconocemos una cara. La misma capacidad debería de habilitarnos para mirar a un individuo y reconocer una familia” (Minuchin 1985. 14) como así también su comunidad de origen y de residencia en caso de que estas últimas fueran diferentes. “Von Foerster (Von Foerster, 1960) considera que las situaciones instituidas son resquebrajadas por movimientos instituyentes. No se puede analizar una institución (familia) fuera de contexto: solo el análisis institucional en situación (socioanálisis) puede dar razón de los procesos institucionales (Lourau, 1970)..... (Villasante, 2010 9) “Pero los paradigmas de nuestra cultura nos traicionan con un trompe l”oeil; la totalidad queda destruida por el énfasis que se le atribuye al detalle.” (Minuchin 1985. 14) De esta manera se pueden identificar fácilmente sus distintos enfoques. El autor hace en el libro mucho hincapié en observar a sus pacientes, a la relación de ellos con sus familiares, a la manera de sentarse, a las pausas para hablar y las iniciativas para callar y expresar. Esto lo observa en el espacio de consulta siendo su área por excelencia el abordaje de las familias, del paciente y su contexto. Observa los cambios familiares y sus diferentes arreglos “Consideraremos tres organismos. El primero se traslada desde una familia nuclear a una familia divorciada. El segundo es una familia divorciada que se traslada a una forma mixta. El tercero es una comuna que está experimentando la disolución de su grupo. En cada caso el organismo se manifestará mientras sus miembros buscan nuevos programas de acción que le permitan funcionar con economía durante el proceso de cambio”. (Minuchin 1986. 29) Tiene la capacidad de presentarse a si mismo y ante el lector como testigo de los cambios hace una reseña histórica de la evolución de la familia, de algún modo logra mostrase como lector y escritor “Al crecer el índice de divorcios en los Estados Unidos, hemos sido testigos de un aumento concomitante en el número de separaciones cooperativas. Los cónyuges que contemplan la posibilidad de divorciarse investigan las consecuencias que esto tendrá para sus funciones de padres. Muchos deciden que, aunque quieren cesar sus relaciones matrimoniales, deben seguir colaborando como padres. Se da un caso en que los cónyuges divorciados permanecieron en la misma casa (bastante grande) dividiendo el espacio para seguir la función de padres en una familia extensa que termino por incluir las nuevas parejas y a sus hijos: una solución incómoda que, no obstante, ejemplifica la libertad de innovación con la exclusión de nuestro viejo modelo de la familia nuclear. El período que sigue a la separación resulta siempre tenso para los miembros de la familia. Deben negociar nuevas pautas de funcionamiento mientras los programas que gobernaban la vieja familia todavía controlan sus respuestas habituales. Los terapeutas que ven familias durante el periodo de transición pueden diagnosticar erradamente la búsqueda de nuevas pautas y el consecuente dolor. Podemos considerar desviado lo que es en realidad un intento creador de un organismo familiar de desarrollar una nueva forma: la muda y transformación que preceden a una mariposa. Es necesario que exploremos la separación y el divorcio con el fin de desarrollar modos de ayuda a los miembros de las familias para que les sea posible trasladarse de una pauta a otra. Con el objetivo de avanzar un paso en una exploración semejante, entrevisté a los Janson. En el momento de la primera entrevista, los cónyuges habían estado separados hacía algo más de un año y estaban tramitando el divorcio. Las dos hijas, Natalie, de trece años y Vicky, de diez, vivían con la madre, pero visitaban a su padre casi todos los fines de semana. La segunda entrevista tuvo lugar dieciocho meses después meses más tarde, dos años después de la partida del padre. (Minuchin 1986. 30) “De acuerdo con el sociólogo Lawrence Stone, ésta no habría sido la unidad nuclear, sino la unidad de parentesco (el sistema de linaje abierto). Stone señala que, hasta bien avanzado el siglo XVII el matrimonio era una disposición adoptada para la combinación de propiedades y la continuación de los linajes de las familias. La crianza de los niños nacidos de la unión y el mutuo apoyo entre los consortes – dos de las tareas que consideramos funcione primordiales de la unión nuclear – eran en gran medida una empresa del sistema de parentesco. A la unidad marital se le atribuía relativamente poca importancia. Si el marido y la mujer llegaban a amarse por cierto nada malo había en ello, pero si el afecto mutuo no se desarrollaba nadie consideraba un fracaso el matrimonio por ello. Los niños eran criados lejos de los padres por nodrizas. Todos los individuos eran intercambiables. El índice de mortalidad, en particular en niños era elevado. Las madres medievales daban con frecuencia a varios de sus hijos el mismo nombre con la esperanza de que al menos uno de ellos sobreviviera para llevarlo durante la edad adulta. Hasta que el índice de mortalidad en la infancia y la niñez empezó a declinar a principios de la edad moderna, sencillamente no era prudente amar a un niño o a un individuo cualquiera. La familia no era permanente. Con la Revolución Industrial mejoraron la higiene y la atención médica; los matrimonios y los niños podían sobrevivir más tiempo. La sociedad inglesa empezó a cambiar y también cambiaron las normas familiares. A mediados del siglo XVIII la familia nuclear era el ideal aceptado de las clases medias. Entonces, por primera vez, la interdependencia de los consortes y la crianza de los niños se convirtieron en funciones fundamentales de la unidad nuclear. Stone estima que este cambio de las normas familiares exigió unos doscientos años. En nuestra época el cambio familiar – como todo otro cambio – se está produciendo más rápido. Dentro de mi propia experiencia, puedo identificar varias normas diferentes. El mundo paternal de mi abuelo eras sólidamente patriarcal. Mantenía en la sombra a mi abuela y suscitaba el temor y la lealtad de sus diez hijos. Por supuesto, exigía más de sus hijos y nietos que de las mujeres de la familia. Como el mayor de los varones en mi familia de origen, se me concedían más responsabilidades, obligaciones y respeto. Mis hermanas y yo siempre llevaremos el sello de las funciones claramente diferenciadas de acuerdo con el género. Pero me case en otra cultura, en otra época. Mi esposa es psicóloga. Ella y mi hija “elevaron mi conciencia” acerca de las mujeres. No es incidental que haya aprendido a cocinar y fregar platos las noches que mi esposa dictaba clases. Mi hijo e hija se criaron en un modo más “andrógino” (ésta es la desafortunada palabra escogida por los psicólogos para denotar la alteración de funciones otrora encerradas en uno solo de los géneros) En este momento de la historia, la mayor parte de los americanos todavía consideran la familia nuclear como la norma, lo cual automáticamente hace considerar todas las otras formas como “incorrectas”. Pero la historia avanza. Me parece que en lugar de obsesionarnos por mantener la “normalidad” de la familia nuclear intacta, deberíamos reconocer el cambio como inevitable, aun normal, y emprender la tarea de ayudar a las familias durante el periodo de transición. En los casos de divorcio, por tanto, no deberíamos aconsejar a cada miembro individual de la familia para que mitiguen el dolor de la rotura; deberíamos en cambio proveer de consejo familiar que se centrara en las posibilidades creativas del nuevo organismo. En lugar de crear una relación antagónica mediante nuestro sistema legal, deberíamos tomar algunas formas del rite du passage que permitieran unir a los nuevos segmentos de la familia en un ritual de aceptación y curación. Los consortes divorciados deberían aceptar sus experiencias pasadas como un distanciamiento necesario y convenido que aún conserva un compromiso cooperativo amistoso en el cumplimiento de las funciones paternales. Estas concepciones les parecerán imposibles a la mayor parte de las familias divorciadas, pues están todavía organizadas para defender a la familia nuclear. Los tribunales y los abogados todavía defienden el sistema antagónico; todavía tenemos necesidad de ser leales a un solo segmento de nuestros amigos. El divorcio todavía se llama un “hogar roto”. Pero la familia está cambiando a medida que cambia la sociedad. Con el tiempo nuestras instituciones se les pondrán a la par”. (Minuchin 1986. 52) Minuchin se presenta como parte del problema, como quien convive con el y de esa manera pude visualiza las posibles soluciones, siempre las ve en dinámica e interacción, las problemáticas para el siempre son dinámicas y se muestra seguro en ese estado de constante cambio, de esta manera nos genera en sus lectores malestar porque nos moviliza a pensar soluciones y a ser consiente de que habrá diferentes soluciones con las cuales tenemos que convivir. La modalidad en la que lo presente es la siguiente: “Autor: Eso creo. Parece estar desempeñando algunas de las funciones de la familia extensa. La diferencia consiste en que en nuestra cultura el marco es horizontal. Permita que le muestre dos escenas de mi propia familia en la actualidad. Amy, la hija de nuestra sobrina Ellen, está entusiasmada preparándose para el tercer matrimonio de su padre. Ella y su media hermana paterna serán las que lleven las flores en la fiesta de bodas. Amy tiene también una hermanastra, Jill, hija de su padrastro, con la que juega un fin de semana sí y otro no, cuando Jill va a visitar a su padre. De modo que Amy, aunque es única hija, se siente muy unida a sus dos “hermanas” y se pregunta si su padre tendrá un hijo, pues la idea de tener un hermano la intranquiliza y la complace a la vez. Recientemente asistí al funeral del primo de mi esposa, un hombre al que admiraba. Su tercera esposa y sus hijos estaban sentados en la primera fila de asientos; su primera esposa y una de sus hijas estaban en la última; su segunda esposa no asistió, pero cerca de la fila del medio estaba una amiga con la que había vivido la mayor parte de sus últimos años. Estas tres “familias” compartían duelos y recuerdos. Dadas las necesidades, la sociedad halla una solución. Lector: Es la solución que no funciona muy bien todavía Autor: Eso es porque carecemos de rituales. No tenemos tradiciones ni guías para las familias que se unen en el duelo, por ejemplo, como participantes de una especie de Shiva colectiva. Los sistemas de apoyo que estas familias horizontales pueden procurar son todavía el producto de la pura improvisación y la buena voluntad. Quizás en un futuro no muy distante desarrollaremos “ceremonias de mezcla” para alentar el mantenimiento de apoyo entre los segmentos de las familias que han compartidos miembros. Valdría la pena intentarlo”. (Minuchin 1986. 73) Se muestra inmerso en su trayectoria de vida cuando nos hace saber que recibió una carta: “Estimado Doctor Minuchin: Tengo una hija que es anoréxica. Mide 1,60 m y pesa 37 Kg. Hace un año se le diagnosticó este estado y debió ser hospitalizada dos veces cuando bajó del mínimo peso estimado por su médico. Desde entonces recibe tratamiento terapéutico, pero su estado es más o menos el mismo. Está creándole problemas a toda la familia: hace ricos postres e insiste “(Minuchin 1986. 88) Nos cuenta sus avances en esta problemática y lo bien recibida que fue por la comunidad, generándole pacientes. Al final del libro hace abordajes de pautas de violencia en el contexto familiar y panea de que manera en algunos casos la cultura ampara a la violencia habilitándola, “pero nadie puede prometer un cambio de rosas, solo la posibilidad de nuevos panoramas cuando los seres humanos aprenden a experimentarse como parte los unos de los otros” (Minuchin 1986. 172)

  BIBLIOGRAFIA CALIDOSCOPIO FAMILIAR (En Papel) Minuchin Salvador, Paidos Iberica, 1986 Isbn


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