Trilema de Münchhausen

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El trilema de Münchhausen (por el Barón de Münchhausen, quien decía haber escapado de una ciénaga tirando de sí mismo), también llamado trilema de Agripa (por el filósofo escéptico Agripa), el nombre referido al barón de Münchhausen fue acuñado en el contexto de la teoría del conocimiento a mediados del s. XX por el popperiano Hans Albert, aunque tradicionalmente su argumento es referido por el griego clásico Diógenes Laercio,1 al filósofo escéptico Agripa y es un ataque a la posibilidad de lograr una justificación última para cualquier proposición, incluso en las ciencias formales como la matemática y la lógica.

Un trilema es un problema que admite sólo tres soluciones, todas las cuales parecen inaceptables. El argumento discurre así: cualquiera que sea la manera en que se justifique una proposición, si lo que se quiere es certeza absoluta, siempre será necesario justificar los medios de la justificación, y luego los medios de esa nueva justificación, etc. Esta simple observación conduce sin escape a una de las siguientes tres alternativas (los tres cuernos del trilema):

  1. Una regresión infinita: A se justifica por B, B se justifica por C, C se justifica por D, etc. (regressus ad infinitum).
  2. Un círculo lógico: A se justifica por B, B se justifica por C, y C se justifica por A (petitio principii).
  3. Un corte arbitrario en el razonamiento: A se justifica por B, B se justifica por C, y C no se justifica. Esta última proposición puede presentarse como autoevidente, de "sentido común" o como un principio fundamental (postulado o enunciados axiomáticos) de la razón; pero aun así representaría una suspensión arbitraria del principio de razón suficiente.

Críticaseditar

En cuanto a prescripciones, la existencia de individuos con intereses hace que todos ellos tengan en sí la prescripción de respetar esos intereses, convirtiéndose dicha prescripción en la causa primera desde la que se originarían las demás prescripciones, pues nadie puede defender la frustración de sus propios intereses sin contradecirse.

Referenciaseditar

  1. Diogenes Lærtivs, IX.

Véase tambiéneditar








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